lunes, 7 de julio de 2008

.:El amor es el demonio:.

“Como una bomba

que explota al revés.

Ideas, pensamientos...

fragmentos de imágenes...

trozos de recuerdos,

como la metralla...

todos vuelven...

para ser arrojados a

un cruel pastiche de experiencias.”


De esta forma comienza la película Love is the devil: study for a portrait of Francis Bacon, del director de John Maybury (1998), musicalizada por Ryuichi Sakamoto (El último emperador, Tacones lejanos, Babel, Lluvia negra, El pequeño Buda, entre las más conocidas para el cine occidental) y magistralmente interpretada por Derek Jacobi (Yo, Claudio), junto con Daniel Craig (Casino Royale).

La historia es en síntesis una biografía de pintor inglés Francis Bacon (1909-1991); su carrera artística, sus amores... A modo personal, creo que es muy difícil instalarse en un trabajo de este tipo… establecer un perfil del artista es complejo y requiere interpretar el proceso de creación, ya que en general, el fin último, es conocer la persona para entender su obra, pero para eso hay que hurgar bien adentro, y eso es la deficiencia de muchas otras propuestas (Picasso, Warhol, otros).

Justamente, este es el gran mérito de la película. Aparte del increíble parecido que logra Jacobi con Bacon, logra incomodarnos e inquietarnos, al igual que cuando vemos sus pinturas. Siempre me imagine que su cabeza era como una olla a presión, siempre a punto de ebullición y al parecer, también era la idea de Maybury.

Para lograrlo, se vale de imágenes subjetivas, de espejos y vidrios (elementos usados también por Bacon y que definen lo que llamamos “distorsión baconiana”), tomando la misma paleta de colores que él usaba y recurriendo a elementos que conformaban su imaginario (boxeo, bares, cigarrillos, fotografías, recortes de diarios…), uniéndolos a modo de fragmentos.

Por ahí leí que Maybury tuvo que usar esta estrategia para contar la historia debido a la negativa de la familia de Bacon para autorizar el uso de las pinturas originales. En todo caso, creo que le hicieron un tremendo favor, porque cuando se tienen tantos elementos a su disposición, se corre el riesgo de engolosinarse y tirar todo a la parrilla, perdiendo inevitablemente estilo y mirada.

El libro “In Camera” es otro buen ejemplo, el autor hace el mismo ejercicio de Maybury; nos entrega la tela final junto con un conjunto de notas, fotografías, bocetos, trozos de diarios), los que conforman un todo complejo, inquietante y, sobre todo, notable. Que menos para alguien tan insoportablemente talentoso como Bacon.

C.

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